¡No uses el método antiguo para freír berenjenas! Hoy te enseñaré un truco para cocinarlas de manera más saludable y deliciosa. Las berenjenas quedarán tiernas, sabrosas y sin absorber demasiado aceite. Cuanto más las comas, más adictivas te parecerán.
Hola a todos, soy la madre de Lele. Muchas personas fríen berenjenas de manera incorrecta, lo que hace que se vuelvan negras y absorban mucho aceite, resultando en un platillo poco apetitoso. El principal problema es la técnica de cocción. Hoy te mostraré cómo hacerlo correctamente.
Para comenzar, necesitamos dos berenjenas con piel morada. Primero, lávalas bien. Luego, remoja la piel de la berenjena en agua y espolvorea un poco de sal. Usamos la sal para frotar bien la piel, lo que ayuda a desinfectarlas y eliminar posibles pesticidas.
Un consejo importante: no quites los tallos de la berenjena. Si los retiras antes de remojarlas, los pesticidas restantes pueden ingresar al fruto junto con el agua, causando una contaminación más grave. Una vez que las berenjenas estén limpias, colócalas en una tabla de cortar y córtalas en rodajas de tamaño uniforme sin pelarlas. Hay dos ventajas en no pelarlas. La primera es que la berenjena absorberá mejor el sabor durante la cocción. La segunda es que, al saltearlas, conservarán una forma tridimensional, mejor apariencia y un mejor sabor.
Las berenjenas son un ingrediente económico pero muy nutritivo. Son ricas en fibra dietética, antocianinas, potasio y vitamina E, entre otros nutrientes. Comerlas con regularidad aporta muchos beneficios para la salud.
Ahora, coloca las rodajas de berenjena en un bol grande y añade una cucharada de vinagre blanco. Mézclalas bien y déjalas en remojo. Esto evitará que la berenjena se oxide y se ponga negra. Este es el primer truco. Para asegurarte de que la berenjena esté bien sumergida, cúbrela con un plato. Mientras tanto, vamos a picar el ajo.
Golpea los dientes de ajo y luego pícalos finamente. Existe un dicho que dice que “la berenjena pierde la mitad de su sabor si no se le agrega ajo”. Esto significa que el ajo realza su sabor, potenciando su esencia deliciosa. Una vez picado el ajo, resérvalo en un plato.
Ahora, prepararemos un puñado de chiles picantes y los cortaremos en rodajas. Si no te gusta la comida muy picante, puedes agregar menos cantidad. Luego, coloca los chiles en un plato. También necesitaremos cebollines frescos. Corta la parte blanca en secciones pequeñas y las hojas en tiras finas. Resérvalas en un plato aparte.
En un bol pequeño, mezcla un poco de glutamato monosódico (MSG), una cucharada de salsa de soja clara para dar sabor, media cucharada de salsa de soja oscura para dar color y un poco de agua. Mezcla bien y resérvalo.
Después de unos minutos, la berenjena ya se ha remojado lo suficiente. Enjuágala con agua limpia para eliminar el vinagre. Luego, colócala en un bol grande y agrégale un poco de sal. Marinar la berenjena con sal ayuda a romper su estructura esponjosa, reduciendo su capacidad de absorber aceite. Además, elimina el agua oscura del interior, evitando que se oxide y se vuelva negra. Este es un truco comúnmente usado por los chefs en los restaurantes. Mézclala bien y déjala reposar durante 10 minutos.
Pasado este tiempo, notarás que la berenjena ha liberado bastante líquido. Ahora, añade más agua y enjuágala nuevamente para eliminar el exceso de sal. Una vez lavada, escúrrela bien y exprime el exceso de agua. Luego, colócala nuevamente en un bol grande.
Es momento de añadir una cantidad generosa de almidón y mezclar bien para que cada trozo de berenjena quede uniformemente cubierto. El almidón tiene una función clave: ayuda a que la berenjena quede crujiente por fuera y tierna por dentro. Además, evita que absorba demasiado aceite al freírla.
Ahora, viene un paso crucial: en lugar de verter aceite en la sartén de inmediato, coloca directamente las berenjenas rebozadas con almidón en la sartén caliente y fríelas en seco. Cuando un lado esté ligeramente dorado, voltéalas y dora el otro lado. Es muy importante recordar que no debes poner aceite en la sartén al inicio, sin importar el tipo de berenjena que estés cocinando. Esto se debe a que la berenjena, por su estructura esponjosa, absorbe mucho aceite cuando se cocina en un sartén con aceite caliente. Una vez en el plato, liberará ese aceite nuevamente, haciendo que el platillo quede muy grasoso y poco apetitoso.
Cuando ambos lados estén dorados, retira las berenjenas del sartén y resérvalas en un plato. Ahora, calienta un poco de aceite en la sartén y agrega una cucharada de pasta de frijol fermentado. Sofríe hasta que suelte su aroma y el aceite tome un tono rojizo. Luego, agrega la mezcla de salsa que preparamos antes y sofríe nuevamente hasta que todo esté bien integrado.
Es momento de incorporar las berenjenas al sartén y saltearlas a fuego alto. Cocina por unos dos minutos, permitiendo que absorban todos los sabores. Cuando la berenjena esté blanda y bien impregnada de la salsa, agrega los cebollines picados y revuelve bien.
De esta forma, las berenjenas quedarán bien cocidas, sin exceso de aceite y con un sabor delicioso. Esta receta es ideal para quienes desean disfrutar de un platillo saludable sin renunciar al buen sabor. Las berenjenas preparadas de esta manera no quedan negras, son aromáticas y nada grasosas.
Hoy en día, muchas personas están preocupadas por mantener una alimentación saludable y controlar su peso. Si prestas atención a pequeños detalles al cocinar, como reducir la cantidad de aceite y sal, podrás preparar comidas más saludables para ti y tu familia.
Cuando hice esta receta por primera vez, todos en casa comieron un plato extra de arroz. Además de ser deliciosa, la berenjena es muy nutritiva. Te animo a prepararla con frecuencia para tu familia. ¡Espero que te haya gustado esta receta! Si te ha parecido útil, no olvides darme un “me gusta” y compartirla.